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martes, 22 de septiembre de 2026

Más allá del litigio: por qué la mediación y los MASC siguen siendo el pilar de una justicia moderna frente a los debates parlamentarios



La reciente actividad en el Congreso de los Diputados —impulsada por iniciativas y modificaciones legislativas promovidas por formaciones como el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y respaldadas por distintos sectores jurídicos— ha vuelto a poner bajo los focos el encaje de los Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC), en particular en ámbitos tan sensibles como el derecho de familia y los procesos con menores.


Si bien el debate político y técnico se centra legítimamente en evitar disfunciones y proteger intereses superiores —como los de niños, niñas y adolescentes en situaciones de crisis familiar—, existe el riesgo de arrojar “el agua de la bañera junto con el agua sucia”. Cuestionar la obligatoriedad o los plazos de ciertos trámites previos no debe convertirse en un ataque frontal ni en un descrédito hacia la mediación, la conciliación y la negociación. La cultura del acuerdo sigue siendo el único antídoto real contra la congestión crónica de los tribunales.


El valor insustituible de los MASC en el Estado de Derecho

Los MASC no son meros trámites burocráticos ni obstáculos administrativos ideados para retrasar el acceso a la tutela judicial efectiva. Son herramientas de pacificación social que trasladan el protagonismo de la solución del conflicto a las propias partes:


  • Soluciones a medida: Frente a la rigidez de una sentencia judicial —donde lógica y frecuentemente "alguien gana y alguien pierde"—, los MASC permiten acuerdos creativos, flexibles y adaptados a las necesidades reales de los implicados.


  • Reducción de la carga judicial: Los juzgados españoles soportan una litigiosidad estructural insostenible. Fomentar vías extrajudiciales aligera el colapso de los tribunales, permitiendo que los recursos públicos se concentren en lo que de verdad requiere la intervención de un juez.


  • Preservación de relaciones: Especialmente en el ámbito mercantil, civil o vecinal, la mediación evita la destrucción definitiva de los vínculos comerciales o personales, promoviendo un entendimiento duradero.


La trampa del falso dilema: urgencia frente a diálogo

El núcleo de la crítica política y de sectores profesionales —como la abogacía de familia— hacia la aplicación indiscriminada de los MASC radica en los supuestos de urgencia o en aquellos contextos donde la asimetría de las partes y la protección de niños, niñas y menores exigen una respuesta judicial inmediata (pensiones alimenticias, medidas cautelares o atribución del uso de la vivienda familiar).


Sin embargo, matizar, corregir o exceptuar supuestos muy tasados de los MASC no invalida su eficacia general. Confundir el ajuste de una norma procesal con la inutilidad de la herramienta es un error analítico grave.


  • Flexibilidad frente a rigidez: Una cosa es legislar excepciones lógicas para asuntos urgentes o de protección de menores, y otra muy distinta es deslegitimar el diálogo previo en el 90% restante de los litigios civiles y mercantiles donde la mediación es indiscutiblemente beneficiosa.


  • Responsabilidad de los operadores jurídicos: El éxito de los MASC exige un compromiso real de abogados, jueces y mediadores. El rechazo a imposiciones mal calibradas debe servir para perfeccionar el sistema, dotándolo de recursos, formación y agilidad, no para retornar al enfrentamiento judicial sistemático como única vía cultural.


Hacia una justicia sostenible del siglo XXI

La modernización de la justicia no se logra cerrando la puerta a los métodos alternativos, sino refinándolos. La mediación y los MASC representan el tránsito de una justicia decimonónica, basada en la confrontación procesal y el desgaste emocional y económico, a una justicia restaurativa y colaborativa.


El debate parlamentario actual debe interpretarse en su justa medida: una llamada de atención sobre la necesidad de cuidar la técnica legislativa para que las garantías procesales y la protección de los más vulnerables convivan en armonía con la eficiencia extrajudicial. No permitamos que la coyuntura política degrade el avance cultural más importante de la justicia española en los últimos años.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Más allá del castigo: Cómo transformar el conflicto en el aula en una oportunidad

 

¡Hola a todas y todos! Bienvenidos de nuevo al blog.

Es domingo por la tarde y, mientras organizo la semana y preparo mis actividades, me he quedado dándole vueltas a uno de los temas que me va a ocupar una tarde: los conflictos en el aula, para un grupo de docentes gaditanos.

Seamos realistas, las clases son mucho más que un lugar para soltar el temario de matemáticas o historia. Son verdaderos cruces de caminos emocionales donde conviven personas con mochilas muy distintas, llenas de inseguridades, alegrías y frustraciones. Los roces son tan naturales como respirar, pero me he dado cuenta de que la forma en que el profesorado decide abordar estos momentos críticos puede cambiar por completo el clima escolar. O creamos un ambiente hostil, o convertimos la clase en un auténtico laboratorio de aprendizaje para la vida.


Imagen creada por IA: Un grupo diverso de alumnas y alumnos trabajando en colaboración en un aula, con la guía atenta y no impositiva de una profesora, fomentando un ambiente de diálogo y respeto mutuo.

Históricamente, la respuesta casi automática ante un problema en los centros educativos ha sido la sanción directa: si hay una falta, hay un castigo. Pero la psicología educativa nos ha ido abriendo los ojos con los años. Este enfoque punitivo rara vez cambia las conductas a largo plazo; a menudo solo las frena momentáneamente por temor, sin llegar a entender qué hay realmente debajo de esa explosión o mala contestación.

Cuando integramos la comprensión de las emociones en la gestión de nuestro día a día escolar, el conflicto deja de ser una "interrupción" molesta en nuestra programación y se convierte en una valiosa oportunidad de crecimiento, tanto cognitivo como emocional, para todas las personas implicadas.

Herramientas socioemocionales para el profesorado

Para gestionar los desacuerdos de forma efectiva y no perder los nervios en el intento, creo que es crucial que las personas docentes asuman un rol de mediación emocional, alejándose de la figura del juez o jueza. En este sentido, hay varias claves psicológicas que me parecen fundamentales tener presentes:

  • Regulación emocional: No podemos olvidar que el cerebro de las niñas, niños y adolescentes está en pleno desarrollo. Las áreas que gestionan los impulsos (como la corteza prefrontal) aún están inmaduras, por lo que su biología a veces, literalmente, no les permite frenar. Ahí es donde entra una labor esencial: proporcionar ese andamiaje o apoyo, ayudando al estudiantado a poner palabras a lo que sienten —sea rabia, frustración o celos— para que puedan procesarlo antes de reaccionar de forma impulsiva.

  • Empatía cognitiva y afectiva: Resolver un desencuentro implica que el alumno o la alumna no solo entienda qué norma del aula ha infringido, sino el impacto real que su acción ha tenido en la otra persona. Fomentar un diálogo auténtico y bidireccional ayuda a tejer esas conexiones cerebrales relacionadas con la empatía.

  • La teoría del apego en clase: Esta mirada me parece de las más profundas. A menudo, las personas con conductas más desafiantes en el aula son precisamente quienes cargan con necesidades emocionales no cubiertas. Un equipo docente que responde con calma y consistencia (aunque cueste) ofrece esa base segura que tanto necesitan, reduciendo su ansiedad y, en consecuencia, su necesidad de estar siempre a la defensiva.

Dicen que detrás de cada conducta disruptiva en el aula, palpita una necesidad psicológica no expresada o una habilidad emocional aún por desarrollar.

El verdadero impacto a largo plazo

A veces parece que perdemos tiempo de temario resolviendo estas situaciones, pero cuando un profesor o una profesora se detiene para mediar en un conflicto, enseñando la escucha activa y la asertividad, en realidad está sembrando a largo plazo. Está aprovechando la increíble neuroplasticidad de sus estudiantes.

Aquellas niñas y niños que aprenden a gestionar sus diferencias en un entorno escolar seguro se convertirán en adultas y adultos con mayor inteligencia emocional, con menos ansiedad social y mucho más capaces de trabajar en equipo. El aula se transforma así en un simulador de la vida real, donde equivocarse en las relaciones interpersonales no conlleva una sanción ciega, sino una lección profunda sobre la convivencia humana.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Os resulta difícil aplicar la mediación cuando el nivel de estrés en el aula es alto? Os leo en los comentarios.